El antídoto contra las falsas promesas energéticas: la energía es inescrutable

Artículo y vídeo publicados originalmente en La Vanguardia en mayo de 2022

El antídoto contra las falsas promesas energéticas: la energía es inescrutable

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¿Han oído aquello de que los caminos del señor son inescrutables? Pues bien, cambien «camino» por «tecnología» y «señor» por «in­ventor» (aunque en el fondo siempre he pensado que no dejan de ser algo parecido). Et voilà, ya tenemos la siguiente idea sencilla pero poderosa en la energía: la tecnología evoluciona a un ritmo tan vertiginoso que desconocemos qué maravillosos resul­tados puede proporcionar si la aplicamos al sector de la energía.

Déjenme entrar en detalle. Sabemos que las energías renovables se están desarrollando intensamente. De hecho, añado ahora, no sé si saben que en la actualidad producen energía en cantidad significativa para el sistema (dependiendo del país), algo que hace pocos años era impensable. Es el resultado de un magnífico desarrollo tec­nológico.

Las renovables son capaces de producir cada vez más energía a menor coste, gracias a los avances que aporta la ciencia. En el siguiente gráfico pueden comprobarlo ustedes mismos con datos referidos, por ejemplo y de manera exclusiva, a la energía solar. Un dos lustros, ese coste ha caído de forma abrupta (especialmente en el primero, entre 2010 y 2015).

Lo que sucede es que el camino que toma la tecnología (en todos los campos) es incierto. Un avance o un descubrimiento pueden llevar años y no ser todo lo útiles que te gustaría para el problema que estás tratando de solventar; o bien, sencillamente, después de dedicar tiempo, esfuerzo y dinero, pueden no servir de nada.

Existen muchos casos de tecnologías que están en desarrollo desde hace tiempo pero que no logran convertirse en alternativas viables. Desde la noche de los tiempos, el ser humano sueña con hallar una fuente de energía ilimitada.

En la actualidad hemos añadido una capa de complejidad: la necesidad de que, además sea limpia. ¿Se imaginan que eso fuera posible? Ciudades enteras iluminadas y acondicionadas térmicamente, fábricas funcionando, vehículos (coches, barcos, aviones, camiones, etcétera) en movimiento, todo sin límite y sin contaminar.

Esta tecnología ya existe conceptualmente, a nivel experimental, aunque se encuentra lejos de tener aplicación comercial. Se llama fusión nuclear (sí, fusión, no confundir con fisión nuclear).

Una tecnología que sabemos utilizar es la fisión nuclear, que consiste en «romper» el núcleo de un átomo pesado, o «grande», generalmente de uranio enriquecido, y, gracias a ello, generar energía. La fisión nuclear se emplea para producir electricidad en las centrales nucleares.

En cambio, la fusión nuclear consiste en lo contrario, ya que, en lugar de separar, se trata de «unir» dos núcleos atómicos ligeros (generalmente de hidrógeno), o muy «pequeñitos» (isótopos en realidad), para crear uno más grande (de helio), gracias a lo cual se genera una enorme cantidad de energía. La fusión nuclear tiene lugar de forma natural en las estrellas, como por ejemplo el Sol. Si se lograra dominar esta energía de fusión, podríamos tener plantas de este tipo generando energía prácticamente sin costes. Serían muy caras de construir, pero generarían tantísima energía que el precio final de la misma sería bajísimo. Con ello se resolvería de un plumazo toda la discusión acerca de renovables, coches eléctricos, aerogeneradores (molinos de viento, o eólicos) con impacto visual, placas solares, etcétera.

Resulta impresionante, ¿verdad? Aunque, por ahora, eso no parece aún posible. La fusión nuclear lleva decenas de años en desarrollo, y todavía no está madura. Ya en la década de 1950, la Unión Soviética y Estados Unidos empezaron a trabajar en ello, pero desde entonces no se ha conseguido controlar.

En Europa se investiga en un centro llamado ITER, situado en Cadarache, en el sur de Francia. Dependiendo de cómo evolucionen unas u otras tecnologías aplicadas al sector de la energía, los escenarios que se dibujen en el futuro serán muy diferentes al actual.

Hablando de Francia, además de ser el rey de Europa en energía nuclear, tuvo también el reinado más corto de la historia, en la figura de Luis XIX. A diferencia de un antecesor suyo, Luis XIV, conocido como el rey sol, con 72 años de reinado, a Luis XIX se le acabó la energía muy pronto, a los 20 minutos abdicó.

Más ideas en el próximo No Lo Veas.