El drama de los menores de 30 para irse de casa

Artículo y vídeo publicados originalmente en La Vanguardia en febrero de 2022

El drama de los menores de 30 para irse de casa

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‘Papá, mamá: me voy de casa’. Esta noticia, trágica en algunos hogares, festiva hasta el punto del descorche de bebidas espumosas y espirituosas en otros, debería ser algo de lo más normal dentro del proceso de crecimiento natural de las personas. Sin embargo, cada vez se escucha menos en las casas de los españoles. Según la Encuesta Continua de Hogares, un % de los jóvenes de entre 25 y 29 años viven con sus padres y desde 2013 este porcentaje ha aumentado en 6,5 puntos.

Ojo, que incluso este dato tan malo tiene truco: según un informe del Consejo de la Juventud de España, un 10,6% de los afortunados que han podido emprender su aventura fuera de casa, lo hace porque tiene una vivienda en propiedad sin hipoteca pendiente, por herencia o donación. Y otro 11,3% vive sin pagar alquiler en una vivienda cedida por algún familiar.

Me gustaría ver algún brote verde en el informe, pero creedme que cuesta mucho, porque también aumenta el porcentaje de adultos de entre 30 y 34 años que no pueden abandonar el nido familiar. Un 25,6%, tres de cuatro, continúan viviendo en casa de sus padres. 5 puntos más que hace 7 años.

También baja el número de parejas: 37.400 menos que el año anterior. Si una sociedad no es capaz de tener un saldo positivo neto de parejas, es otra muestra más de lo que nos cuesta emanciparnos. ¿Llegará un momento en el que el new normal sea irse de casa a los 40? Esperemos que no.

No son buenas noticias, desde luego. Cuando en un país se retrasa tanto la edad de emancipación, es que algo no funciona. Si la mayoría de menores de 30 no pueden echar a volar y construir sus propios proyectos vitales, esto se acaba traduciendo en que la gente se desencanta con la vida y con los que manejan la economía. Otros lo llaman descontento y su resultado más evidente es que muchas de estas personas se inclinan por opciones políticas que nutren los extremos del arco parlamentario. Y así siguen creciendo. Todo se polariza y cada vez hay menos unión para llevar a cabo un proyecto de vida común como nación. Nada bueno, me temo. Puerta del parlamento: Toc, toc: ¿Sí? ¿Señores políticos? ¿Hay alguien ahí?

Más ideas en el próximo No Lo Veas.