La culpa del precio de la energía es que improvisamos

Artículo y vídeo publicados originalmente en La Vanguardia en mayo de 2022

La culpa del precio de la energía es que improvisamos

Puedes ver arriba el vídeo completo, ver el artículo y el vídeo: La culpa del precio de la energía es que improvisamos en YouTube, o leer la transcripción a continuación:

 

En el sector de la energía, como en casi todo, hay ganadores y perdedores.

Aquellos países que planifican con tiempo y diseñan bien su política energética acostumbran a estar mejor situados para competir en el mercado de la energía que aquellos que improvisan.

Esta es la siguiente idea sencilla pero poderosa: en la energía nada se improvisa. ¿Por qué? Porque el sector de la energía tiene mucha inercia.

Por ejemplo, construir una central hidroeléctrica o una nuclear (hablo tan sólo de construir) lleva varios lustros (entre cinco y veinte años). No sólo se necesitan años para construir nuevos sistemas, sino también para desmantelarlos y migrar a otras tecnologías.

Y no debemos olvidar que queremos energía disponible siempre (primera idea sencilla pero poderosa) de tecnologías que estén probadas (segunda idea sencilla pero poderosa).

Si un país se abastece de unas fuentes de energía determinadas, normalmente no puede cambiarlas en un plazo corto de tiempo (pongamos, cinco años, e incluso me atrevería a decir que diez) para migrar a otra distinta de forma integral. Definir e implantar un modelo energético lleva años…, muchos años como se puede ver en este gráfico. Y cambiar el modelo, también.

Y eso ocurre con cualquier tecnología. Porque cambiar el sistema energético conlleva necesariamente consecuencias profundas, que influyen en las expectativas de la población a la que afectan y que es imprescindible tener presentes, consecuencias tales como: necesidad de construir infraestructuras; realización de inversiones; cierres en ciertas actividades empresariales por reconversión (por ejemplo, en la minería del carbón); pérdida de puestos de trabajo derivados de los nuevos perfiles profesionales demandados por los nuevos modelos energéticos; afectación de paisajes (por ejemplo, al construir una planta de ciclo combinado); afectación de la flora y la fauna (por ejemplo, al construir una presa de central hidroeléctrica), etcétera.

Un ejemplo evidente de que en el sector energético no se debe improvisar es la interconexión energética entre países (por ejemplo, una tubería de gas que venga de otro Estado). Que dicha interconexión sea operativa no es algo que se consiga precisamente rápido. Y no me refiero sólo a construirla (lo cual lleva años), sino también a las negociaciones de los acuerdos comerciales y/o geopolíticos asociados (estos últimos son los que verdaderamente requieren más tiempo).

La inercia a la que me he referido antes está íntimamente vinculada a las inversiones. Porque, en el sector de la energía, no es sencillo deshacer fácilmente los activos en los que has invertido capital para transformarlos en otros. Transcurre mucho tiempo antes de que sea prudente y tenga sentido económico cambiar de decisión.

Si construir una central nuclear puede alargarse hasta veinte años (desde el primer día hasta que está en marcha produciendo energía), operarla hasta que devuelve toda la inversión puede llevar el doble de tiempo, unos cuarenta años. Por eso todo el mundo evita improvisar respecto a las tecnologías de la energía, porque apostar por una equivocada sale caro.

Si no, que se lo digan a Alemania por ejemplo, con la guerra de Putin y su dependencia al gas ruso. Por todo lo anterior, en el sector de la energía, no es bueno improvisar en lo que respecta a la tecnología a utilizar (debe ser un estándar fiable), a las inversiones a acometer (que son elevadas e inmóviles) y a los plazos de implantación (largos y que conllevan procesos complejos). Y no olvidemos que esto que afecta al sector de la energía también afecta a toda la sociedad.

De esta idea sencilla pero poderosa hablo en este artículo publicado en esta conocida revista en la que abordo los retos de gestión vinculados con la energía.

Más ideas en el próximo No Lo Veas.