Las emisiones cero no existen: que no nos troleen con las renovables

Artículo y vídeo publicados originalmente en La Vanguardia en mayo de 2022

Las emisiones cero no existen: que no nos troleen con las renovables

Puedes ver arriba el vídeo completo, ver el artículo y el vídeo: Las emisiones cero no existen: que no nos troleen con las renovables en YouTube, o leer la transcripción a continuación:

 

Culmino la lista de «ideas sencillas pero poderosas» sobre el sector de la energía con un último concepto un poco más provocador que los anteriores.

Me voy a poner el sombrero de profesor alborotador. Empezaré por decir que hablar de «descarbonizar totalmente» la economía es incorrecto. No deberíamos utilizar tal concepto.

No existe el concepto «emisión cero»; aun siendo maravilloso, en la actualidad es utópico. Construir un panel solar, un coche eléctrico o un aerogenerador también produce CO2, y no poco. Para construir un aerogenerador, por ejemplo, se necesita fabricar cemento que será utilizado en su cimentación, además de fundir metales a alta temperatura. Ambas actividades exigen procesos que generan CO2 por sí mismos (por ejemplo, triturar las rocas que contienen hierro hasta obtener barras de hierro «puro» emite CO2). Para ello hace falta disponer de combustibles fósiles que, a su vez, emiten CO2.

De hecho, para medir de forma rigurosa el impacto de cualquier instalación de fuente energética (incluyendo las renovables) hay que tener en cuenta todo su ciclo de vida: la extracción de los materiales, la construcción de la planta, la gestión de los residuos producidos, etcétera.

Por ello, tal vez tenga más sentido el concepto de «compensación de carbono» (o quizá el de «neutralidad de emisiones»): el CO2 que se genera se contrapesa con el que se reduce (intentando, por supuesto, generar lo menos posible). Porque, aunque estamos mejorando en la reducción de emisiones de CO2 (unos países más que otros, y, dentro de ellos, unas actividades más que otras) todavía seguimos generando emisiones. Y, lo más importante, seguiremos haciéndolo.

Esto abre la puerta a que el debate gire en torno al desarrollo de energías renovables y, quizá en mayor grado, alrededor del impulso a las medidas para incrementar la eficiencia energética.

Resulta evidente que la humanidad quiere frenar el cambio climático, y para ello no se puede seguir aumentando la emisión de gases de efecto invernadero (al contrario, hay que reducir su concentración). Por ahora, parece que de lo que se trata es de compensar. O al menos de intentarlo, porque las emisiones cero no existen.

Estamos cansados de leer una y otra vez el impacto que tendrá el efecto invernadero provocado por la quema de combustibles fósiles iniciada de forma intensa a partir de la revolución industrial del siglo XVIII. Quizá porque sucede como a cámara lenta ante nuestros ojos, no le prestamos demasiada atención al efecto invernadero.

La alta concentración de CO2 en la atmósfera es un grave problema que debemos afrontar. De hecho, más de la mitad de este gas emitido a la atmósfera procedente de la quema de combustibles fósiles se ha producido en las tres últimas décadas.

Seguro que conocen la serie Dallas, que narra las andanzas de los Ewing, una acaudalada familia de Texas contemporánea a la emisión de la serie (iniciada en 1978 en Estados Unidos) y cuya fortuna procede de negocios relacionados con el petróleo. Pues bien, hemos producido un mayor daño al futuro de la especie humana (y al resto de la vida en la Tierra) desde la emisión del primer capítulo que en todos los siglos anteriores.

Dicho de otro modo, en solo dos generaciones, las que separan el nacimiento de mis padres del de mis hijas, el problema ha aumentado de forma exponencial. El cambio climático es real y nadie lo desea. Sucede en todo el mundo a la vez. Es un peligro evidente, global e imponente, y nadie en su sano juicio lo quiere. Las emisiones son un problema complejo del sector de la energía en particular y de la sociedad en su conjunto. La solución pasa por intentar ser neutrales en carbono.

Más ideas en el próximo No Lo Veas.