Noviembre de 2019, artículo publicado originalmente en El Periódico de Catalunya

Ni están ni se les espera

Ni idea. Reconozcámoslo de una vez. En general nadie sabe bien qué hacer ni cómo hacerlo. Algunas empresas han entrado en el túnel, otras han avanzado dentro de él pero casi ninguna ha conseguido salir de ahí todavía. En cualquier caso, nadie podría dar su “viaje” por completado, porque, además, no termina nunca. También las hay que ni siquiera han entrado en el juego porque están desconcertadas, atareadas tratando de sobrevivir, de llegar a fin de mes, sobre todo las PYMES. Me estoy refiriendo a la tan comentada (¿cacareada?) transformación digital.

En el último año he dedicado muchas horas a entrevistar a consejeros y directivos con el fin de conocer a fondo el impacto de la transformación digital en los profesionales, algo de lo que hablaremos mucho en los próximos años. Una de las cuestiones que me llama la atención es lo poco que se tiene en cuenta a los empleados en la gestación y diseño de ese plan que debe transformar la empresa. Todo comienza (o debería) con redefinir la visión de la compañía. Una visión que debe permitir a cualquier integrante de una organización (pequeña o grande) sentirse parte de un futuro mejor. Es decir, entender, por qué debe cambiar y percibir que esa transformación de su trabajo va a ser positiva para ella/él en particular y, en general, para la empresa.

Compruebo sorprendido cómo los consejeros (en el mejor de los casos) sin entender muy bien en qué consiste esto de la transformación digital, trasladan al equipo directivo el mandato de llevarla a cabo. Éstos, viéndose obligados a innovar por orden de su consejo, deben incluir en el plan anual, plan estratégico o como queramos llamarle, la transformación digital.

Nadie sabe realmente cómo afrontar la transformación digital, pero sí tengo claro que hay si no escuchamos e involucramos al empleado desde el inicio, no conseguiremos cambiar nada.

Como faltan referentes claros de empresas que hayan logrado transformarse con modelos definidos y contrastados (nadie ha salido del túnel, insisto) resulta complejo para los directivos crear dicho plan. Y como andan perdidos se lanzan a hacerlo como ellos/ellas han hecho siempre las cosas: SOLOS. Es decir, los empleados ni están ni se les espera. No se les involucra. Y me temo que no se hace porque  eso significaría un reconocimiento por parte de los directivos de que no saben cómo afrontar una iniciativa tan importante para la empresa. Algo impensable, inaceptable, humillante. Sería deslegitimar la jerarquía empresarial construida durante siglos.

Por otro lado, hay que admitir que la actitud de los empleados no suele ser muy positiva, porque no están acostumbrados a ser escuchados en su día a día y menos aún en materias tan sensibles. Por esta razón, su postura acostumbra a ser aquella tan “plana” de: A mi dime lo que tengo que hacer y… ya veré si lo hago.

Ya la tenemos liada. Cuanto más profundizo en este tema más claro veo que si no involucramos a los empleados desde el origen no lograremos transformar nada. Y para eso se hace necesario trabajar la cultura de la empresa así como las capacidades de los miembros de la organización (desde el consejo hasta el último empleado). Más follón.