Suscripciones digitales: ¿Vicio o necesidad?

Junio de 2019, artículo y vídeo publicados originalmente en La Vanguardia

Suscripciones digitales para todo, todo y todo

Puedes ver arriba el vídeo completo, ver el artículo y el vídeo «Suscríbete a las suscripciones» en la web de La Vanguardia, o leer la transcripción a continuación:

 

Te voy a hacer una pregunta que te va a doler: ¿sabes cuánto dinero te gastas al mes en suscripciones digitales? Quizás te acuerdes de algunas: estás suscrito a Netflix, a Spotify, a Amazon Prime… pero ya no recuerdas aquella app de yoga con la que intentaste iniciar el camino a la flexibilidad física y espiritual, o esa vez que caíste en la trampa del PRUEBA GRATIS 30 DÍAS y luego olvidaste o te dio pereza cancelar la suscripción.

Quizá te consuele saber que el 84% de los estadounidenses piensan que gastan menos en suscripciones de lo que realmente gastan. Y es que estamos sumergidos en la economía de la suscripción: todos los negocios quieren poder facturarnos cada mes o cada año.

Todo empezó con la industria tecnológica y su idea de que el software no es algo que te compras, lo instalas y ya está, sino que te tienes que suscribir e ir recibiendo updates continuamente. Lo llaman el Software as a Service, SaaS para los amigos.

Ahora ya estamos en el Content as a Service. Preferimos pagar un fee por contenidos que pagar por disfrutarlos a la carta: HBO, Apple Music o incluso esas joyas pajaresestesianas del cine español en FlixOlé.

Y la última frontera ya está a las puertas. El Hardware as a Service nos invadirá con montones de aparatejos a los que nos podremos suscribir: desde Ring, un timbre que nos graba todo lo que se acerca a nuestro hogar, a Workat, una suscripción a tomar algo en nuestros bares preferidos. Vamos a acabar suscritos a todo, hasta a los clínex o al cafelito de por las tardes en el bar de la esquina…

 

A esto, como sabéis y he explicado en capítulos anteriores, lo llamo desde hace tiempo “servificación”, que consiste en cobrar por vender un servicio apalancado muchas veces sobre un producto que deja de serlo para convertirse en un servicio. Ya no compras pan o ropa sino que te suscribes a la panadería o a la tienda de ropa. Incluso si eres aficionado a la pesca con mosca (para trucha y salmón se entiende) existe iflies, que envía mensualmente la mejor selección de moscas y productos de pesca.

Quizás haya llegado el momento de poner orden en nuestras suscripciones en modo Marie Kondo. Hazme caso: coge el extracto de tu tarjeta o de tu banco, mira tus cargos por suscripción y date cuenta de lo que usas y de lo que no. De nada.

De esta manera, evitarás quedarte sin blanca, expresión que se refiere a la moneda acuñada en 1386 durante el reinado de Juan I de Castilla con motivo de las guerras contra el duque de Lancaster. Estaba fabricada de una aleación de plata y cobre que le daba un aspecto blanquecino.

 

Os veo la semana que viene.

 

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