La economía de la atención: cuando nuestra concentración es como un trozo de carne fresca en un escenario lleno de zombis
Todo el mundo habla de la famosa disrupción tecnológica… pero, ¿qué implicaciones tiene para las personas y las empresas?
Artículo y vídeo publicados originalmente en La Vanguardia en julio de 2023
Este es el tipo de médico que deseas tener cerca
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En los últimos 100 años, hemos sido testigos de un avance vertiginoso en el campo de la salud. A principios del siglo pasado, la mayoría de diagnósticos se basaban en la observación y la intuición del doctor, es decir, tenías que rezarle a tu Dios de confianza para que ese día el médico se despertara lúcido.
Ahora contamos con maquinaria tan avanzada, que las capacidades de nuestros médicos se han multiplicado, tenemos médicos y enfermeros aumentados. La tecnología ha revolucionado la forma en la que prevenimos y tratamos enfermedades. El trabajo de los profesionales sanitarios es más preciso gracias a ella. Veamos algunos ejemplos, tanto en la prevención como en el tratamiento de enfermedades.
La tecnología aplicada al campo de la salud, está presente desde primera hora de la mañana, cuando nos despertamos y lo primero que hacemos es comprobar en nuestro reloj inteligente cómo esa pesadilla ha influido en la calidad de nuestro sueño o cuando recibimos aviso de que nuestras pulsaciones se han acelerado más de la cuenta porque estábamos escuchando una auténtica barbaridad saliendo de la boca del jefe… Datos y datos que se recogen las 24 horas y que nos ayudan a tener una visión global de cómo funciona nuestro cuerpo, permitiendo prevenir afecciones antes de que se agraven. Unos datos, por cierto, que, para 2030, nos darán el control para gestionar nuestra salud de forma más y más proactiva.
Y si la prevención no ha sido suficiente y llega un día en el que el cuerpo nos dice “hasta aquí ha llegado la vida útil de tu rodilla, colega”, de nuevo ahí estará la tecnología para ofrecernos un brazo robótico que nos opere con un pulso perfecto o sin tener al médico que realiza la intervención en el quirófano sino a centenares de kilómetros de distancia. Ahora con la tecnología 5G es posible.
Los avances tecnológicos aplicados a la salud son infinitos. Uno de los ejemplos más interesantes son los gemelos digitales. Igual que se pueden generar réplicas virtuales de un avión, una fábrica o un edificio para detectar y anticipar cualquier fallo en el mundo digital por medio de simulaciones, también se puede hacer un gemelo digital de cualquier órgano de un paciente, ya sea el corazón, el hígado, o un pulmón. Esto ayuda a los médicos a predecir cada vez mejor cómo envejecerá el órgano en el mundo real, qué le pasaría si enfermara con una u otra patología o cómo reaccionará en función de si el paciente toma una medicación u otra. Son órganos que viven y envejecen a través de la pantalla, en bits y no en moléculas. Además, estas simulaciones están permitiendo a los investigadores el desarrollo de nuevos fármacos y vacunas.
Lo interesante de la tecnología aplicada a la salud es que ha demostrado ser un excelente nivelador social, permitiendo un acceso más equitativo a la atención médica. Es cierto que a la tecnología le lleva unos años desplegarse y llegar a todas las capas de la población, pero cuando lo hace su efecto es increíble. La adopción masiva de smartphones e internet han sido claves para que la telemedicina, las aplicaciones de salud y la información médica en línea estén al alcance de muchos, independientemente de su estatus socioeconómico, por eso, caer en la idea de que solo los ricos pueden acceder a la innovación médica es un error.
Este acceso igualitario a tratamientos médicos tiene un efecto inesperado, supone también un progreso para la población en general porque más casos de estudio es un beneficio para la sociedad en su conjunto. Otra consecuencia, esta más evidente: también tiene efectos saludables en la economía. La buena salud es sinónimo de tratamiento preventivo. Menos enfermedades significa menos gasto en sanidad pública.
Sin embargo, para mí, el ingrediente secreto, aquello de lo que deberíamos hablar y lo hacemos poco, lo más importante de estar sano, es que salud es un clarísimo indicador de felicidad. Los sanos son más felices. Está ampliamente demostrado que salud y felicidad van de la mano. Por ello, si el digital contribuye a mejorar la salud, AMÉN, así sea. Igual que la transformación digital cambia lo que hacemos en las empresas, todo parece indicar que lo mismo sucede con la salud cuando le ponemos capas digitales.
Ahora, gracias a la tecnología, tenemos nuevos tratamientos contra el cáncer, nuevas vacunas y cientos de avances que hasta hace poco eran impensables. ¿Quién iba a imaginar que todo un mundo de tecnología digital se ocultaba tras las batas blancas y los estetoscopios? A mí me encantan los profesionales de la salud aumentados gracias al digital.
Todo ello es posible porque disponemos de unas infraestructuras TIC que están transformando la asistencia sanitaria, con sistemas más rápidos, seguros, duraderos y eficientes que repercuten en una mejora de la experiencia del paciente.
