¿Por qué tienes mejor tecnología en casa que en la oficina?

Artículo y vídeo publicados originalmente en La Vanguardia en octubre de 2024

¿Por qué tienes mejor tecnología en casa que en la oficina?

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Todo el mundo conoce el vertiginoso ritmo del cambio tecnológico. Pero, ¿alguna vez te has detenido a pensar qué implica para empresas e individuos el impacto de la tecnología? Todo el mundo habla de la famosa disrupción tecnológica….pero ¿qué implicaciones tiene para las personas y las empresas?

Amigue del NO LO VEAS…mira este gráfico. 

 

 

En él se puede observar que la tecnología cambia muy rápido, las personas cambiamos más lentamente y las empresas, como organizaciones complejas que son, cambian todavía más despacio. 

Todos sabemos que la tecnología cambia muy rápido, de hecho, mucho más rápido que nosotros, las personas….la velocidad de cambio entre tecnología y personas es desigual…porque la primera cambia de forma más veloz. Los humanos no podemos seguir el ritmo de cambio de éstas…..y a su vez, usted y yo, las personas cambiamos más rápido que las empresas… . 

Hoy día es más frecuente que las personas incorporemos más rápido la tecnología en nuestras vidas de lo que las empresas acostumbran a hacer dentro de las organizaciones. Antes, las empresas solían estar a la vanguardia tecnológica. El ordenador más avanzado era el del trabajo, no el de casa. Hoy, sin embargo, muchos de nosotros disponemos de tecnología superior en nuestros hogares. ¿El resultado? Adoptamos nuevas tecnologías más rápido que las organizaciones a las que pertenecemos. Esto se debe a lo que se conoce como la curva de adopción tecnológica, donde los individuos van un paso por delante de las empresas. Por último, van las empresas. 

Sin embargo, lo importante no son las curvas como tal….sino la distancia que se produce entre ellas.

La primera separación, entre curva tecnológica y curva de los individuos, es la de adopción, que representa el ritmo al cual cambia la tecnología y el ritmo al que los individuos son capaces de incorporar ésta a su día a día. 

Sin embargo, la adopción es la parte fácil de la disrupción que provoca la tecnología en las empresas. Los directivos no deberían estar preocupados por esta curva. Porque los individuos adoptamos como decía antes la tecnología más rápido de lo que las organizaciones pueden hacerlo. 

La segunda distancia entre curvas es la clave. La separación que se produce entre la curva de los individuos y la de los negocios se llama adaptación. Básicamente viene a significar que los individuos, usted y yo, tenemos una expectativa respecto a la tecnología disponible para relacionarnos con las empresas con las que tenemos algún tipo de trato que contrasta con la realidad de cómo las compañías han integrado la tecnología realmente. Es decir, usted espera una web moderna y molona que funcione bien y resuelva sus necesidades y cuando la navega se encuentra con una página del siglo pasado. Esta situación es el reflejo de un problema grave: el de aquellas empresas que poniendo la última tecnología al alcance de sus empleados observa como éstos la ignoran, no la utilizan. 

Ahí es cuando se genera un riesgo competitivo entre las empresas de un mismo sector, porque unas están mejor colocadas que otras y establecen mejores vínculos con el mercado. Porque es evidente que si una empresa me ofrece un buen sistema de compra por internet, una extraordinaria atención telefónica y un excelente servicio de postventa con su app, estará mejor colocada que otra que sencillamente me atiende por mail. Así que si la tecnología va a continuar cambiando más rápido que los individuos, y estos van a cambiar más rápido que las organizaciones debemos estar atentos a la separación que se produce sobre todo entre la velocidad de asimilación tecnológica de los individuos respecto a la de las empresas. Porque si es demasiado grande entre una y otra ahí huele a problemas económicos y yo no he sido. La desconexión entre un empleado y la tecnología que utiliza el resto de la organización representa una amenaza competitiva.

Todos deben ir a una. Fácil de decir, pero difícil de hacer.

Más ideas en el próximo No Lo Veas.