Artículo y vídeo publicados originalmente en La Vanguardia en marzo de 2026
Lo que 700 vídeos sobre tecnología me han enseñado
Hace nueve años grabé uno de mis primeros vídeos haciendo una pregunta muy simple: si los robots nos quitarían el trabajo…
Impresionante edición la que hizo el equipo con ese video que sigue de rabiosa actualidad…incluyendo la parte final, en la que hablo de tiburones.
Hoy celebramos el vídeo número 700… y la pregunta sigue abierta. Y eso, en sí mismo, ya es una pista interesante.
Porque si la automatización hubiera avanzado tan rápido como imaginábamos entonces, probablemente este vídeo no lo estaría grabando yo. Lo presentaría un avatar hiperrealista generado por ChatGPT, con mi voz y mi cara perfectamente replicadas… mientras yo estaría disfrutando de una jubilación anticipada provocada por una inteligencia artificial demasiado eficiente.
Pero lo que ha ocurrido en realidad ha sido bastante distinto.
La inteligencia artificial no ha sustituido trabajos completos. Ha empezado sustituyendo partes del trabajo.
No ha reemplazado a médicos, abogados o profesores. Lo que está cambiando son algunas de las tareas que forman parte de su trabajo cotidiano. Y ese cambio, aunque menos visible, sí está transformando cómo trabajamos.
Si miramos con calma lo que la IA ya puede hacer hoy (escribir textos, resumir documentos complejos, generar ideas, automatizar informes o actuar como tutor) lo que vemos es el rediseño de las profesiones, no la desaparición.
Muchas de estas capacidades ya se utilizan cada día en empresas y universidades. Y eso está produciendo un desplazamiento claro en el valor del trabajo.
El abogado que destaca no es necesariamente el que redacta contratos más rápido, sino el que sabe qué preguntas hacerle a la IA para analizar mejor un caso.
El directivo que marca la diferencia no es el que produce más presentaciones, sino el que decide qué problemas merece la pena analizar.
En otras palabras: lo que empieza a escasear no es la ejecución. Es el criterio. El juicio para valdiar si lo que el cacharro escupe tiene o no sentido.
Si le preguntamos a ChatGPT qué imagina qué podrá hacer para 2035 dice cosas como asistentes personales con memoria, empresas parcialmente autónomas o sistemas capaces de colaborar activamente en investigación científica.

No está mal verdad….Pero, pero, pero hay una cuestión más: Si la inteligencia artificial sigue avanzando en su capacidad para analizar información compleja y proponer decisiones, podría empezar a utilizarse en ámbitos cada vez más sensibles: desde la evaluación de políticas públicas hasta decisiones estratégicas entre países.
¿Nos imaginamos a una IA decidiendo si determinadas políticas ecológicas son correctas o no? ¿O recomendando qué países deberían cooperar… o incluso a qué países habría que atacar?
En otras palabras: ¿queremos delegar ese tipo de decisiones?
Dejo la pregunta en abierto, para que la vayamos digiriendo por si toca hablar de ello en alguno de los próximos 700 vídeos. Aunque tal y como está el mundo empieza a parecer casi una buena idea subcontratar estas tareas al cacharro….y si sale mal pues hacemos lo que ahora ha puesto de moda un tipo americano con pelo rubio y tupé: la culpa fue del cha cha chá.
Más ideas el próximo No Lo Veas del profesor Foncillas.



