Artículo y vídeo publicados originalmente en La Vanguardia en octubre de 2023
De torpes a genios: este es el sesgo que distorsiona nuestra percepción
Imagina que vas caminando por la calle con tu amigo y se tropieza y cae al suelo. Podrías pensar: «Este Carlitos… es un torpe, siempre se cae». Cuando serías tú el que realmente estuviera cayendo, de cara y sin manos, ante el sesgo de atribución fundamental.
Este sesgo hace que tendamos a pensar que las acciones de una persona son una consecuencia única y exclusiva de su forma de ser, y no tenemos en cuenta otros factores que pueden estar ocurriendo a su alrededor. ¿Y si Carlitos se cayó porque una baldosa estaba suelta? ¿Y si Carlitos tenía el cordón sin atar y lo pisó? ¿Y si acababan de fregar y el suelo todavía estaba mojado? Ahora me dirás que nunca te ha pasado a ti, ¿verdad? Este sesgo nos hace creer que los otros son los torpes, pero cuando nos pasa a nosotros la culpa fue del cha-cha-chá, quiero decir… de un factor externo ¡Cómo iba yo a ser torpe! ¡Eso ha sido por culpa del mal estado de la calle!
Otro ejemplo: en una Grand Prix, un famoso piloto de F1 no consigue estar cerca del podio. En la rueda de prensa culpa a la pista, a los mecánicos, a un pajarito que pasó volando y le despistó o la conjunción de los astros. Curioso que otro día que ganó fue porque estaba muy concentrado, se sintió bien y porque es el mejor del mundo, y no tiene nada que ver el estado de la pista ni los fallos en los coches de sus rivales.
Más ideas en el próximo No Lo Veas.


