Las empresas deben evitar la fascinación por las herramientas digitales y centrarse en las personas y sus necesidades
Artículo y vídeo publicados originalmente en La Vanguardia en mayo de 2023
La IA no sirve de nada si las empresas no entienden esto
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En el mundo empresarial actual, el término de moda es «Transformación Digital». ¿Nunca antes habías oído hablar de esto, verdad? Lo sé… Sin embargo, a menudo los directivos, los mandos intermedios, los consejeros y hasta mi suegra, se obsesionan con la palabra «digital», en lugar de centrarse en el término de verdadero valor: “transformación”.
De hecho, después de investigar durante años sobre esta materia, he llegado a la conclusión de que digitalizar es lo más fácil de esta ecuación. Lo complejo para las empresas es movilizar e involucrar a la organización. Por eso, si queremos transformar digitalmente una empresa, tiene mucho más sentido trabajar las dimensiones organizativas y de los profesionales que las tecnológicas.
La evolución de una empresa no la llevan a cabo los sistemas, ni la inteligencia artificial, ni el big data, ni las apps, ni cualquier avance tecnológico que se te ocurra… Son las personas que forman parte de la compañía las que lo hacen posible. Lo que pasa es que la tecnología cambia rápido, pero los profesionales cambiamos cual tortugas.
Por tanto, es curioso para mí, llegados a este punto, que apenes se hable de la importancia que tiene, para una empresa, el reto de entender la evolución que viven sus empleados durante la transformación digital. Porque digital es el adjetivo y transformación es el sustantivo.
Para ello, cada compañía debe centrarse en las competencias de los profesionales que construyen su organización. Porque todas las empresas del mundo pueden acceder a la misma tecnología, pero la clave está en lo que los profesionales de cada empresa sepan hacer diferente con esa misma tecnología.
Hasta que seamos reemplazados de manera total por un cacharro con un chip muy, muy gordo y rápido, necesitamos a las personas para impulsar el cambio en las empresas.
Por eso, los hombres y mujeres de vértice, esas que dirigen las organizaciones, tienen que hacerse unas preguntas clave respecto de sus equipos: ¿Cómo les afectará este cambio como personas? ¿Qué oportunidades les ofrece? ¿Qué riesgos deberán de asumir?
Deben formularse esas preguntas porque tienen una responsabilidad con cada uno de sus miembros: Conocer, por un lado, sus causas de estrés y dificultad y por el otro, identificar cómo desarrollar sus carreras… Pero, sobre todo, la felicidad de estas personas. Fácil de decir y difícil de hacer, pero como todo esfuerzo, tiene detrás una recompensa colosal.
Más ideas en el próximo No Lo Veas.
Artículo y vídeo publicados originalmente en La Vanguardia en abril de 2023
La palabra mágica que ayuda a las empresas a ser más valiosas
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Aunque queda mucho por hacer, la digitalización de las empresas ha cobrado un fuerte impulso en los últimos años. Las tecnologías que se utilizan en estos procesos tienen un denominador común: la capacidad de transformar muchísimos negocios, especialmente aquellos que tradicionalmente no han sido tecnológicos, como el retail o la automoción, entre muchos ejemplos.
Respecto a la idea de la digitalización empresarial, Suraj Srinivasan y Wilbur Chen, el primero profesor de Administración de Empresas en la HBS con el que estuve en julio del año pasado en Boston en un programa de buen gobierno corporativo y consejos de administración, y el segundo doctorando en la misma institución, han realizado una investigación que tiene tres líneas principales:

- Explorar cómo de frecuentes son las transformaciones digitales radicales en las empresas no tecnológicas.
- Qué beneficios les están reportando.
- Y el impacto que tiene en su rentabilidad financiera.
De todo lo analizado, se pueden extraer tres conclusiones:
En primer lugar, que sí, ha costado, pero las grandes empresas al final se han volcado a realizar iniciativas digitales que las transformen. Si en 2010 solo el 4% de las empresas cotizadas en EEUU no tecnológicas informaban de que estaban implementando algún tipo de tecnología, en 2017 esta cifra ya era del 22%.
En segundo lugar, observaron que a los inversores les encanta que las empresas lleven a cabo este tipo de iniciativas digitales. Las valoraciones de estas compañías están entre 7 y 21 puntos por encima de otras que son similares, pero no lanzan acciones digitales. En el estudio se menciona por ejemplo el caso de Korn Ferry, que empleó el big data y el análisis de datos en todos los ámbitos de su compañía y en un año mejoró su valoración más del 60%.
El estudio arrojó también un resultado muy interesante: el impacto en la valoración de una compañía que está acometiendo iniciativas de digitalización dura años; dicho de otro modo, no solo cuando se anuncian estos planes la capitalización de estas empresas sube en bolsa, sino que el efecto es duradero: el estudio confirma que al menos durante 2 años sigue impulsando una valoración superior a empresas similares.
Por último, la tercera conclusión dice que, sorprendentemente, pasarse al digital no reporta beneficios financieros, al menos a corto plazo o de forma destacable. Esto puede deberse a varios factores, principalmente a que se asume que los frutos de las actividades digitales pueden tardar tiempo en cuajar. Un claro ejemplo de ello es Amazon, una empresa que estuvo años perdiendo dinero hasta que declaró fuertes beneficios.
¿Qué me llevo de la investigación de Suraj y Wilbur? Los negocios que se vuelcan en lo digital son más atractivos para los inversores pero la rentabilidad suele ser escasa a corto plazo.
Más ideas en el próximo No Lo Veas.